DSCN0156.jpg

Cartago y Roma

Imprimir
PDF
AddThis Social Bookmark Button

 

Los cartagineses hicieron un pacto con Roma y, con el paso del tiempo, entre ambos, se repartieron la Península. Pero eso no quiere decir que se llevaran como uña y carne, como veremos, ni que los cartagineses no tuvieran sus complicaciones a la hora de conquistar España.

A partir del 264 a. C. comenzarán sus apuros al tener que resolver varias y decisivas batallas en estos escenarios jiennenses, consiguiendo paulatinamente el poder sobre las tribus ibéricas.

En el 237 a. C. Amílcar impone su hegemonía sobre los bastetanos, a quienes pertenecía la zona de Segura y en cuyas cercanías, presumiblemente, murió el general cartaginés en el invierno del 228 ó 229.

En el año 225 a.C. Aníbal comienza la consolidación de la economía, basada en la minería, la ganadería y la agricultura. Lo primero que hace es restaurar y proteger con torres los caminos argáricos que corrían a lo largo de las riberas de los ríos Guadalquivir, Segura y Guadalimar además de construir sólidos puentes.

En el 214 se enfrentan los cartagineses, al mando de Asdrúbal y Magón, con los romanos, dirigidos por los Escipiones, siendo la nueva batalla de Castrum Altum (Segura de la Sierra). Es el comienzo de una guerra que terminará con las muertes, en el 212 de Publio Cornelio Escipión, y de su hermano Cneo.

Según cuentan algunas crónicas, Publio Cornelio fue atacado de noche en una de las fortalezas de Segura, acosado por Masinisa, quien pasó por cuchillo a todos los que dormían parapetados y atrincherados en los cantones.

Su hermano Cneo se vio acorralado en un torre a la que los cartagineses prendieron fuego, donde murió. Algunos historiadores han traducido, a través del vasco, el nombre de Orcera, Orcelis o Ilorce, como "ciudad de la tumba", posiblemente la de uno de los Escipiones.

Más tarde un sobrino de estos vendrá a luchar contra Asdrúbal por toda la zona hasta su derrota. Durante este período de guerra, las antiguas ciudades iberas van desapareciendo a favor de otras situadas en lugares con mejor comunicación.

Augusto sometió la zona de Segura bajo su mando, haciendola partido judicial de la Tarraconense. Tras la creación de los conventos jurídicos, quedó adscrita al de Cartagena, con lo que tenía que pagar sus tributo a Roma.

Para mejor extraer y trasladar los productos de la comarca hacia los puertos del Mediterráneo, los romanos construyeron nuevas calzadas y restauraron las vías antiguas.

Los ejes de comunicación son: Vía Hinojares, Toya, Santo Tomé, Iznatoraf, Venta de Beas, Bujalamé, La Puerta de Segura, Cardete, Tasca, Cotillas y otro ramal externo, por Génave y Villarrodrigo. Vía Castellar de Santisteban, Beas, interior de la Sierra de Segura.

Por las zonas más fértiles de la comarcan aparecen diseminados restos de explotaciones agrarias, amplias villas rurales bien acondicionadas. De entre todas destaca el yacimiento de la Villa Romana de Los Baños , s. 2ª ½ s. I-II, en el municipio de Arroyo del Ojanco.

Presenta la existencia de otros horizontes culturales, entre el Calcolítico y el Bronce Antiguo, si bien el más significativo es el correspondiente a la villa romana de época Bajoimperial dedicada a la explotación agropecuaria. El desarrollo de La Villa se inicia en torno a la segunda mitad del siglo I de nuestra era a juzgar por la existencia de algunas cerámicas romanas de tipo "terra sigillata", de origen sudgálico. Posteriormente se produce una reestructuración con la construcción de nuevos edificios y de nuevos pavimentos sobre la base de gravas apisonadas y cal.

Por último, la tercera fase desde el punto de vista estratigráfico e histórico, es la denominada como Baños III, Bajomedieval, a la que corresponden las estructuras de una gran villa con unos extraordinarios mosaicos correspondientes al área señorial de un asentamiento de marcado carácter agrícola.

Estas villas eran administradas por grandes señores que controlaban importantes fincas donde se producían alimentos y materiales muy apreciados: aceite de oliva y trigo, que se transportaban en ánforas de barro.

Con la bellota se fabricaba harina y de los pinos extraían la pez y la resina imprescindibles en la construcción de barcos. Además, una comarca tan rica en pastos y abrevaderos de agua fresca obliga a poseer ganados de ovejas, vacas y cerdos. Los apicultores extraían la miel y otros productos derivados de la colmena para exportarlos a Roma, donde adquirían altos precios gracias a su excelente calidad nutritiva y a la variedad de paladar de las distintas flores que crecen en la zona, la mayoría con valor medicinal.

De esta época se conservan también en la Sierra de Segura construcciones que desvelan el interés por esta región, como el Puente Mocho del Guadalimar (Beas), realizado en mampostería de piedra caliza, que perteneció a la nueva Vía Augusta, seguramente construido en el último cuarto del siglo I a. de C.

 

También se conserva el puente romano de Romillán, en Trujala (Segura de la Sierra) y se han encontrado numerosos restos, como lápidas (un cementerio en la Higuericas en término de Villarrodrigo), monedas, piezas de cerámica en Arroyo del Ojanco, Génave, Catena. Baños como el de la Laguna (Hornos), en el Tranco, y un resto de acueducto no aéreo, sino suminado, en Segura de la Sierra y un molino de harina en Cortijos Nuevos.

En época romana, además del aceite, eran importantes las encinas y sus bellotas y la producción de pez y resina extraídas de los pinos.

Adquieren gran estima las ovejas y los cerdos, la miel, la cera y las abejas. La miel era exportada a Roma, así como el esparto.

Y en la minería: la plata y el cobre. Mítico es el río Tader (Segura) por sus arenas auríferas. Tanto se llevó Roma que descapitalizó nuestras fuentes de materia prima.